Navegando hacia Hawaii

Habían pasado cinco días desde que dejaron el puerto de Los Ángeles. El cielo azul los acompañaba, mientras que el viento mantenía la fragata inclinada <<escorada>> quince grados a estribor. Por eso cada movimiento a bordo se tornaba en una operación delicada; los platos temblaban en sus estantes y las pertenencias se deslizaban peligrosamente cada vez que Odiseo abría su armario.

Navegaban con velas hacia el oeste, con rumbo 250° en búsqueda de su próximo destino “Honolulu”. Era la joya del archipiélago hawaiano, donde el original asentamiento indígena se había transformado en una moderna ciudad turística, por su belleza natural.

Odiseo se preguntaba que pensaría la Fragata, si le fuera dada esa capacidad,  dado que estaba sola en la infinitud del océano, sin público que pudiera alabar su belleza.

A bordo el tiempo transcurría entre la rutina, las guardias, las clases y los ejercicios de todo tipo que lo mantenían ocupado. Sin embargo él disfrutaba de las charlas de camaradería a la hora del almuerzo y de la cena. Estaba más predispuesto a vivir experiencias que a adquirir conocimientos teóricos, que en algunos casos lo aburrían y en otros le parecían superfluos.

Odiseo pretendía descifrar la fuerza indomable del mar que lo desafiaba sin tregua. En ella veía la eterna lucha del hombre por comprender la naturaleza, un combate donde la razón parece insuficiente.

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