Había una ceremonia en la cubierta principal para recordar el cabildo abierto del 25 de mayo de 1810. La fecha es un hito de nuestra independencia del Reino de España. En aquel lejano rincón del mundo, se escucharon las estrofas de nuestro himno nacional y luego sonaron las notas del himno estadounidense, como símbolo del respeto entre naciones amigas. El Teniente de Navío Montemayor, pronunció un discurso breve pero emocionante, recordando el significado de la libertad.
Se organizaron visitas pero Odiseo debía permanecer a bordo, para cumplir con su guardia. A la tarde la Fragata abrió sus puertas al público, transformándose en un crisol de lenguas y acentos. Una multitud curiosa se agolpaba en el portalón, deseosa de explorar cada rincón del buque.
Odiseo atendía a los visitantes como podía y se sentía como un embajador de su cultura. Las preguntas fluían y las sonrisas eran contagiosas. Después del cálido “welcome on board”, se esforzaba por explicar la historia del velero y del viaje que hacían.
Al caer la noche, los marineros americanos, regresaban cantando y embriagados al Destructor “USA HECTOR”, amarrado al frente de la Fragata.
Así finalizó el día a bordo de la Fragata Libertad, dedicado a recordar la libertad que no solo es una condición política; sino también económica, pero fundamentalmente personal. El libre albedrio, es un derecho natural del ser humano.
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