Category: viajes

  • Navegando hacia Tokio

    Navegando hacia Tokio

    Era un día radiante aquel 20 de junio, el cielo despejado y el mar en calma. Hacía cuatro días que Hawai había quedado atrás y ahora navegaban en búsqueda de Tokyo, Japon.

    Nuestro protagonista junto a sus compañeros se encontraba formado en la cubierta principal. Recordaban al General Manuel Belgrano, creador de la bandera nacional. Escuchaban palabras alusivas de uno de sus Jefes que resonaban en sus pechos.

    A medida que la tarde avanzaba, aparecieron en el horizonte 4 fragatas japonesas. Una de ellas se acercó para realizar un trasvase de peso, una práctica habitual entre buques de las armadas.

    Odiseo estaba sumamente emocionado con el viaje. Vivía sumido en sus experiencias diarias y en las expectativas del exótico próximo puerto. Las clases teóricas no lograban despertar su interés.

    La fragata se acercaba al antimeridiano de Greenwich. Su posición quedaba definida a 23º 04’ de latitud norte y a 166º 13’ de longitud oeste. En resumen estaban al otro lado del mundo, respecto al meridiano de referencia de Londres.

    Cuando llegaran al antimeridiano, Odiseo y sus compañeros adelantarían un día su calendario. Un día completo de su vida, estaría por desaparecer.

  • Honolulu

    Honolulu

    Con sus velas desplegadas la Fragata Libertad se aproximaba a las islas de Hawaii, estratégicamente ubicadas en el Pacífico, próximas al trópico de Cáncer. Estas islas constituyen una parada obligatoria para los veleros que cruzan el océano.

    En la bahia de Honolulú, la fragata había arriado sus velas y la tripulación ocupaba sus puestos de honor. Se acercaba lentamente al muelle, donde un inesperado espectáculo se desarrollaba. Unas bailarinas originarias de la tribu Kanaka Mali, lucían sus trajes indígenas y bailaban bajo la cadencia del hula. Sus cabellos negros, adornados con flores blancas, mientras sus cuerpos fluían al son del ukelele y del tambor. Era el ritual de bienvenida «aloha» una manifestación de su cultura ancestral. También un canto a la relación del hombre con la naturaleza.

    Un espectáculo, extraño a nuestras costumbres, que atrapaba la atención y que anunciaba una agradable estadía en esas islas.

    Las autoridades locales embarcaron con aire protocolar. A continuación lo hicieron las sonrientes bailarinas, quienes le colocaron a Odiseo un collar de flores, de pequeñas orquídeas y gardenias, como muestra de su hospitalidad.

    Por último, embarcó un compañero de la Marina. Había cursado cuatro años en la Escuela Naval de Annapolis y desde entonces no se veían.

    En la memoria de Odiseo estaba grabado el sorpresivo ataque de Japón sobre la flota americana amarrada en Pearl Harbour, a fines de 1941. El bombardeo anunció la incorporacion de Japón al eje y tuvo sus consecuencias cuatro años más tarde. Estados Unidos detonó en 1945, dos bombas atómicas, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Las dos ciudades arrasadas por el poder nuclear, diezmaron a la población civil, degradaron la dignidad humana y enlutaron al mundo. La magnitud de la catástrofe se transformó en un límite mundial para la utilización de armas nucleares, que hasta ahora, fue respetado y nunca más se volvieron a emplear.

  • Navegando hacia Hawaii

    Navegando hacia Hawaii

    Habían pasado cinco días desde que dejaron el puerto de Los Ángeles. El cielo azul los acompañaba, mientras que el viento mantenía la fragata inclinada <<escorada>> quince grados a estribor. Por eso cada movimiento a bordo se tornaba en una operación delicada; los platos temblaban en sus estantes y las pertenencias se deslizaban peligrosamente cada vez que Odiseo abría su armario.

    Navegaban con velas hacia el oeste, con rumbo 250° en búsqueda de su próximo destino “Honolulu”. Era la joya del archipiélago hawaiano, donde el original asentamiento indígena se había transformado en una moderna ciudad turística, por su belleza natural.

    Odiseo se preguntaba que pensaría la Fragata, si le fuera dada esa capacidad,  dado que estaba sola en la infinitud del océano, sin público que pudiera alabar su belleza.

    A bordo el tiempo transcurría entre la rutina, las guardias, las clases y los ejercicios de todo tipo que lo mantenían ocupado. Sin embargo él disfrutaba de las charlas de camaradería a la hora del almuerzo y de la cena. Estaba más predispuesto a vivir experiencias que a adquirir conocimientos teóricos, que en algunos casos lo aburrían y en otros le parecían superfluos.

    Odiseo pretendía descifrar la fuerza indomable del mar que lo desafiaba sin tregua. En ella veía la eterna lucha del hombre por comprender la naturaleza, un combate donde la razón parece insuficiente.

  • Los Angeles, 29 de mayo

    Los Angeles, 29 de mayo

    La Fragata se preparaba para zarpar y en el aire se respiraba una mezcla de emociones. Los cinco días en California habían pasado como un sueño. Odiseo tenía la sensación de que apenas había comenzado a entender cómo era la vida en ese rincón del mundo. 

    Mientras la Fragata esperaba la llegada del embajador argentino, el muelle se llenó con una multitud que venía a despedirse. Odiseo se despidió de Judy, mientras que en su mente aún resonaba su pedido, de que regresara a California.  

    Finalmente, dieron la orden de partir y  las amarras se soltaron. La multitud saludaba y aplaudía, en un ambiente festivo que contrastaba con la tristeza que sentía en su corazón. 

    Se dieron tres hurras por los Estados Unidos, como gesto de gratitud hacia el país que los había recibido. Luego sonaron los acordes de la Marcha de la Libertad, símbolo de la lucha contra la tiranía.

    Se izaron las gavias altas y el resto de las velas y Long Beach fue quedando atrás. El espectáculo continuaba, porque veleros y lanchas la acompañaban y giraban a su alrededor.

    Iniciaban la navegación hacia Honolulu, a 2.600 millas náuticas de distancia. El Pacífico los recibía con toda con su inmensidad.

    Mientras el viento llevaba la fragata hacia el oeste, Odiseo sintió cómo su espíritu de marino, se encendía nuevamente.

  • Los Angeles, 28 de mayo

     

    Odiseo despertó en su último día en California con el corazón lleno de expectativas. La mañana se presentaba radiante y decidió aprovecharla para dirigirse al Naval Exchange, una tienda dentro de la Base Naval.
    Por la tarde, junto a su amigo Norberto, recorrieron el centro de Los Ángeles. La ciudad se alzaba ante ellos con sus edificios blancos y rascacielos que se perdían en las alturas. La modernidad se encontraba a vuelta de cada esquina, donde la Universidad de California (UCLA) parecía un monumento al conocimiento.
    Al regresar, se encontró que la Fragata estaba invadida por una multitud de visitantes. A las siete de la tarde, mientras buscaba a Judy por la popa, ella apareció por la planchada de proa. Así eran sus encuentros: inesperados pero cálidos. Esta vez, llegó a bordo de un Chevy 65 descapotable, un auto que parecía sacado de una película antigua. Con una sonrisa radiante, ella lo invitó a la marina donde tenía su bote. Sin dudarlo, él aceptó, emocionado.
    Una vez a bordo del barco de Judy, la música los envolvió, mientras las bebidas refrescaban sus cuerpos. De repente, Odiseo se sintió inmerso en el estilo de vida americano; la experiencia era tan surrealista que se preguntaba si no estaría soñando. Las palabras fluían entre ellos con naturalidad; el idioma no era un obstáculo para que sus corazones latieran al unísono. Cada risa y cada mirada cómplice los acercaba, sin límite.
    Judy compartía sus sueños mientras Odiseo le relataba su vida en Buenos Aires. El océano que los separaba, desaparecía en ese instante, como si fuera un milagro. Se había iniciado una relación, que continuaría a través del tiempo, incluso después de su regreso al pais.
    Esa era su última noche en Los Ángeles, él se durmió mientras su corazón latía agitadamente, pensando que su experiencia iba a trascender en su vida.

     

  • Los Angeles, 27 de mayo

    Despues de dedicarse a las tareas de rutina de abordo, Odiseo se preparó para concurrir a la recepción que ofrecería la Armada Americana a bordo del buque Topeka. 

    La mesa estaba dispuesta con una cena ligera, que aunque agradable, era solo un preludio de lo que estaba por venir. En en el Club de Oficiales, dentro de la base, lo esperaba la verdadera fiesta. Allí, en medio de charlas, Odiseo conoció a Judy. Era una joven americana, encantadora, con rulos que caían en cascada sobre sus hombros y unos ojos que brillaban como estrellas. Puso a prueba, su conocimiento más teórico que práctico del inglés que había aprendido y las palabras fluyeron entre ellos con una naturalidad sorprendente. Ella parecía adivinar cada frase que él pronunciaba, con una amabilidad que desarmaba cualquier torpeza idiomática, de su parte.

    Después de compartir historias y miradas cómplices, Odiseo invitó a Judy a conocer la Fragata Libertad, su hogar. Deseaba no sólo, mostrarle el barco, sino también que ambos se conocieran un poco más. La respuesta de Judy fue una sonrisa radiante que iluminó su corazón.

    El encuentro se extendió hasta bien entrada la medianoche, luego concurrieron hasta un rincón escondido de Long Beach, donde compartieron algo que podría llamarse pizza; una bocado simple pero, perfecto para sellar la noche.

    A su regreso a la Fragata, estaba exhausto pero al mismo tiempo, feliz por cada instante vivido.

  • Los Angeles, 26 de mayo

    Odiseo dedicó un par de horas libres a las tareas domésticas, como proveerse de elementos en el “Navy Exchange” una tienda destinada a los marinos de la Base.
    Por la tarde, se unió al grupo que se dirigía a “Disneyland”, un parque de juegos y entretenimientos para todas las edades. Al llegar, abrumado por las instalaciones,  vio como la realidad se desvanecía para dar paso a un país de maravillas.
    El lugar repleto de visitantes, algunas personas que veían un uniforme desconocido, se acercaban con curiosidad para preguntarnos de donde veniamos  y otros si eramos franceses.
    Al caer la noche, Odiseo, con el Perro, Norberto y otros fueron a visitar Hollywood,  la famosa ciudad que brilla por la magia del cine. 
     
  • Los Angeles, 25 de mayo

     Había una ceremonia en la cubierta principal para recordar el cabildo abierto del 25 de mayo de 1810. La fecha es un hito de nuestra independencia del Reino de España. En aquel lejano rincón del mundo, se escucharon las estrofas de nuestro himno nacional y luego sonaron las notas del himno estadounidense, como símbolo del respeto entre naciones amigas. El Teniente de Navío Montemayor, pronunció un discurso breve pero emocionante, recordando el significado de la libertad.
    Se organizaron visitas pero Odiseo debía permanecer a bordo, para cumplir con su guardia. A la tarde la Fragata abrió sus puertas al público, transformándose en un crisol de lenguas y acentos. Una multitud curiosa se agolpaba en el portalón, deseosa de explorar cada rincón del buque.
    Odiseo atendía a los visitantes como podía y se sentía como un embajador de su cultura. Las preguntas fluían y las sonrisas eran contagiosas. Después del cálido “welcome on board”, se esforzaba por explicar la historia del velero y del viaje que hacían.
    Al caer la noche, los marineros americanos, regresaban cantando y embriagados al Destructor “USA HECTOR”, amarrado al frente de la Fragata.
    Así finalizó el día a bordo de la Fragata Libertad, dedicado a recordar la libertad que no solo es una condición política; sino también económica, pero fundamentalmente personal. El libre albedrio, es un derecho natural del ser humano.

     

  • Los Angeles, 24 de mayo

    Después de haber capeado un fuerte temporal, que azotó a la Fragata, durante las últimas 24 horas con vientos de proa que superaron los 30 nudos, ahora navegaba en aguas tranquilas, aproximándose a su destino la Ciudad de Los Angeles.
     
    En el horizonte se podía ver un grupo de tareas americano que había salido del puerto, compuesto por un portaviones, cinco destructores y tres fragatas antisubmarinas.

    Dentro de la bahía San Pedro, el aire se impregnó con el olor a pólvora de las 21 salvas de cañón que avisaban nuestra llegada y que fueron respondidas de inmediato por nuestros anfitriones.

    La Fragata continuó avanzanado hacia el muelle de Long Beach, mientras que Odiseo no salía de su asombro al ver la gran cantidad de buques de guerra que estaban amarrados
    , uno al lado del otro, entre ellos: tres portaaviones, varios cruceros y una multitud de destructores y fragatas de menor desplazamiento.
     
    La Libertad, bella y esbelta, se amarró y tendió sus dos planchadas para conectarse con la tierra.

    No tardó mucho en organizarse las visitas de los guardiamarinas, Odiseo se incorporó al grupo cuyo destino sería el “Aquarium Marineland”, ubicado en la península de Palos Verdes.

    Allí, se encontró frente a un gigantesco tanque de agua salada, de 30 metros de profundidad, que exhibía a través de sus gruesas paredes de cristal, la vida acuática que se desarrollaba en sus entrañas. La fauna marina se había adaptado al entorno artificial especialmente cuidado, cual si fuera un zoológico acuático, donde se destacaban grandes tortugas marinas y corpulentos meros.

    El programa continuó en el “Round Tank”, para asistir al show de  la orca Corky que saltaba con gracia a varios metros de altura. Los entrenadores dirigían sus movimientos como si fueran parte de una coreografía perfectamente ensayada. Al final del espectáculo, Corky fue recompensada con pescados frescos y con el aplauso del  público

    Los delfines, luego demostraban su agilidad e inteligencia, realizando saltos acrobáticos a través de aros metálicos, para el deleite del público..

    Al caer la tarde, Odiseo ya de regreso en su hogar flotante  estaba exhausto y satisfecho al mismo tiempo, de haber conocido ese rincón de California.

     

  • Acapulco 17 de mayo

    Acapulco 17 de mayo

    Era el día de decirle adiós a Acapulco y Odiseo cerraba este capítulo con melancolía. En el muelle, una multitud se había congregado, para despedir la Fragata, demostrando la calidez del pueblo mejicano. Una banda de mariachis, con trajes coloridos y sombreros típicos, cantaban alegres rancheras.

    Cuando la Fragata ya se encontraba en alta mar, se llevó a cabo una ceremonia en popa para conmemorar el Día de la Armada, un homenaje al heroico combate de Montevideo que culminó el 17 de mayo de 1814. Odiseo escuchó con atención las palabras que recordaban cómo el Almirante Brown había enfrentado con éxito, a la Escuadra Española, con su reducida flotilla patriota.

    Aquel hecho histórico, eliminó las amenazas que podían venir del mar y permitió al General San Martín, que emprendiera con tranquilidad, el cruce de los Andes, para enfrentarse al ejército imperial en Chile y en Perú. Luego Simón Bolívar continuaría con la campaña militar, liberando los territorios de Colombia y Venezuela del yugo del reinado español.

    La falta de viento, especialmente los habituales alisios de la zona, obligó a encender el motor de la fragata para navegar con hélice, en lugar de velas, hacia al norte. El próximo destino sería los Estados Unidos.