Era el día de decirle adiós a Acapulco y Odiseo cerraba este capítulo con melancolía. En el muelle, una multitud se había congregado, para despedir la Fragata, demostrando la calidez del pueblo mejicano. Una banda de mariachis, con trajes coloridos y sombreros típicos, cantaban alegres rancheras.
Cuando la Fragata ya se encontraba en alta mar, se llevó a cabo una ceremonia en popa para conmemorar el Día de la Armada, un homenaje al heroico combate de Montevideo que culminó el 17 de mayo de 1814. Odiseo escuchó con atención las palabras que recordaban cómo el Almirante Brown había enfrentado con éxito, a la Escuadra Española, con su reducida flotilla patriota.
Aquel hecho histórico, eliminó las amenazas que podían venir del mar y permitió al General San Martín, que emprendiera con tranquilidad, el cruce de los Andes, para enfrentarse al ejército imperial en Chile y en Perú. Luego Simón Bolívar continuaría con la campaña militar, liberando los territorios de Colombia y Venezuela del yugo del reinado español.
La falta de viento, especialmente los habituales alisios de la zona, obligó a encender el motor de la fragata para navegar con hélice, en lugar de velas, hacia al norte. El próximo destino sería los Estados Unidos.

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