Acapulco 16 de mayo

Odiseo se despertó lleno de expectativas. A las once de la mañana, ya estaba armado el grupo de buceo, compuesto por sus amigos Carlos B., Manuel I. y el Sapo R. Juntos partieron hacia un muelle, no muy lejano, donde les esperaba el “Tintavento”, un viejo velero de madera de unos 40 pies. A pesar de sus años, la embarcación llamaba la atención por el color rosa de su casco.

Mientras el “Tintavento” se movia suavemente, navegaron hacia el noreste. El “gitano” era su guia y les impartía instrucciones sobre el uso del equipo de buceo, entre citas divertidas.

Al llegar a su destino, fondearon sobre el casco de un buque hundido, el “Río de la Plata”. Odiseo escuchó con atención la historia de ese naufragio: había sido un vapor de 120 metros de eslora, capitaneado por un argentino que había encontrado su final trágico en agosto de 1944.  Había sido perseguido por buques de guerra americanos porque transportaba y escondía a tres oficiales nazis; un pasado oscuro que ahora reposaba en las profundidades del océano.

Con el tubo de oxígeno ajustado a su espalda, Odiseo descendió utilizando el cabo de cáñamo que lo guiaba hacia el misterioso barco hundido. Aunque la inmersión era simple, no dejaba de ser un reto personal llegar a los 20 metros de profundidad. Comenzó a nadar persiguiendo peces multicolores que estaban a su alrededor.

Se dejó llevar por la fascinación y el misterio que lo rodeaba, por un tiempo, Luego se dió cuenta de que había perdido de vista a sus compañeros. Por eso decidió regresar. Con determinación, ascendió lentamente hacia la superficie donde pudo observar las burbujas que escapaban de su equipo mientras sus pulmones se descomprimíany nadó hacia el “Tintavento”.

A bordo del barco de casco rosa, lo esperaban unos deliciosos “cayos” condimentados al estilo mexicano, que compartió con sus compañeros de aventura.

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