La Fragata se preparaba para zarpar y en el aire se respiraba una mezcla de emociones. Los cinco días en California habían pasado como un sueño. Odiseo tenía la sensación de que apenas había comenzado a entender cómo era la vida en ese rincón del mundo.
Mientras la Fragata esperaba la llegada del embajador argentino, el muelle se llenó con una multitud que venía a despedirse. Odiseo se despidió de Judy, mientras que en su mente aún resonaba su pedido, de que regresara a California.
Finalmente, dieron la orden de partir y las amarras se soltaron. La multitud saludaba y aplaudía, en un ambiente festivo que contrastaba con la tristeza que sentía en su corazón.
Se dieron tres hurras por los Estados Unidos, como gesto de gratitud hacia el país que los había recibido. Luego sonaron los acordes de la Marcha de la Libertad, símbolo de la lucha contra la tiranía.
Se izaron las gavias altas y el resto de las velas y Long Beach fue quedando atrás. El espectáculo continuaba, porque veleros y lanchas la acompañaban y giraban a su alrededor.
Iniciaban la navegación hacia Honolulu, a 2.600 millas náuticas de distancia. El Pacífico los recibía con toda con su inmensidad.
Mientras el viento llevaba la fragata hacia el oeste, Odiseo sintió cómo su espíritu de marino, se encendía nuevamente.

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